Tras la novena parte de la historia el comienzo se convierte en el final: el nudo se convierte en el desenlace, los personajes principales se convierten en secundarios, y los secundarios en principales; el amor se convierte en desamor, la ilusión en realidad y la realidad en ficción. El cambio se produce en todo; la lógica se altera, las emociones tratan de volverte loco, la esperanza se desvanece, el frio se vuelve caliente y el calor te enfría el corazón.
Desde aquella despedida no dejo de pensar en qué hubiera pasado si hubiera decidido detener a esa persona que me paralizaba mi mundo, que dominaba mi ser, dormía mis pensamientos, enrojecía mi rostro... Sólo me pregunto, ¿cómo sería mi presente si mi pasado fuera diferente?
Todos los días recuerdo el rostro que me enamoró, la sonrisa que me enloqueció y la mirada que me intimidó. Cada día me encuentro perfeccionando la respuesta para la pregunta que todos mis amigos suelen hacer. Realmente opino que a nadie le interesa saber cómo me encuentro, así que esto hace que decida mentir al respecto y decir “–¡Me encuentro perfectamente!”. O por lo menos, eso trato al llegar a un lugar alejado y seguro...
Mi lógica me abandona, mis ojos se nublan, mi voz se desvanece, mi corazón se abre y mis recuerdos me invaden. Aún deseo encontrar a una persona que me entienda y que logre sanar el dolor que me está matando por dentro. O eso era lo que decía semanas atrás antes de conocerla, porque el día que ella llegó prometió que encontraría una anestesia para mi corazón. Al oír esas palabras, una sonrisa se dibujó en mi rostro, y mi lógica empezó a surgir. Cada momento que pasaba con ella... Cada vez que escuchaba su voz... Cada vez que el rostro levantaba y despeinaba su hermosa melena... Cada vez que la veía hacer pucheros, rogar para que la acompañara a algún sitio, e incluso cuando me abrazaba, mi corazón y mi mente se conectaban formando una gran felicidad en mi interior; sin saberlo, ella estaba cumpliendo la promesa que me había hecho aquel día que nos conocimos bajo la lluvia. En ese momento no me hubiera imaginado ni en lo más mínimo que ella se convertiría en mi anestesia para el corazón.
A su lado no sentía dolor físico ni emocional. Ella se había transformado en la mitad de mi ser y yo en el de ella. Cada segundo a su lado me recordaba que siempre que me sintiera adolorido ella estaría conmigo. Aunque no siempre estaríamos el uno al lado del otro siempre seria mi anestesia para el corazón, sería mi escudo, mi espada, mi barrera y mi única luz. Tras haber pasado 10 años a su lado mi luz tuvo que partir al lado de su prometido antes de irse. Nos reunimos al lado del lago en el que nos conocimos. En ese momento le dije cada uno de mis sentimientos, aunque no obstante también le hable de mis inquietudes. Ella, muy suavemente, puso su mano en mi rostro, lo acaricio, dibujó mis labios -los cuales no dudaron en sonreír-, nos tomamos de las manos y duramos abrazados unos minutos antes de decir nuestras últimas palabras. Decidí contemplarla por última vez, mirarla a los ojos pronunciar su nombre, dibujar una sonrisa en su rostro, iluminar su mirada, encender su gracia... Antes de partir nos pusimos de pie, no miramos el uno al otro, sonreímos, nos abrazamos, separamos nuestros cuerpos, ella salió primero. Al darse la vuelta sentí una gran confusión pero no dolió; fue ahí cuando entendí que aunque ella esté lejos, siempre será mi anestesia. Decidí dejarle eso claro, así que corrí hacia ella, la tomé de los brazos y le dije: -Siempre serás mi anestesia para el dolor y la soledad. Al pronunciar las palabras, ella sonrió y me beso . después dijo tu siempre serás mi primer amor, después de pronunciar esas palabras ella se alejo y no la volví a ver .
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